viernes, 31 de julio de 2009

EL PAIS DE NUESTROS HIJOS


Resulta curioso lo ciegos que solemos estar para todo lo que no nos afecte de forma directa. Somos muy buenos cerrando los ojos. El egoismo está en nuestra naturaleza, así que sólo miramos nuestros ombligos, y los de los que tenemos al lado. También somos buenos quejándonos de los que lo hacen mal o no hacen nada, sin mencionar que nosotros formamos parte del segundo grupo.
Pero a la hora de arremangarse y actuar, todos cerramos los ojos, creyendo que si no vemos, no nos ven, y así no nos señalarán con el dedo para pedirnos ayuda. Y cuando nos despistamos y no cerramos los ojos a tiempo (¡cachis la mar!), somos todos expertos en el arte de la excusa.
Y cuando el peligro de que nos líen ha pasado, vuelta a la queja y al lloriqueo.
Reconozco que los que sí se ponen a la tarea, no lo tienen nada fácil. A lo difícil que es nadar contra corriente en un mar lleno de trepas, hay que sumar el hecho de que el agua de este mar es muy espesa, y está llena de obstáculos en forma de apáticos. Pesos muertos entre los que a veces, y lamentablemente, debo incluirme.
Este es el pais que van a vivir nuestros hijos. Un pais en el que el "todo vale" es la mejor baza para el éxito. En el que la clase política hace suyo el "que me pongan donde haya". Y no hay excepción.
Y en este escenario las leyes que regulan la escolaridad de nuestros niños y jóvenes se vende al mejor postor, y se deja de educar en valores para educar en política.
Y nosotros lo consentimos cerrando los ojos, o quejándonos sin parar pero no haciendo nada.
Y en cualquier caso... ¿que opción nos queda?
Yo cuando me reencarne me pido ser avestruz, así por lo menos podré enterrar la cabeza en la arena, que es más divertido.
Sin animo de ofender a nadie...

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